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lunes, 25 de enero de 2010

Juguetes educativos, merecidos y que fomenten conductas solidarias...

Especialistas en psicología infantil recomiendan juguetes educativos, merecidos y que fomenten conductas solidarias: "Es recomendable que los padres dediquen tiempo a sus hijos, jueguen, vean películas juntos y aprendan a conocer a sus hijos".
MÉRIDA, 5 Ene. (EUROPA PRESS)

Los especialistas aconsejan a los padres que opten por juguetes educativos para fomentar hábitos correctos así como conductas solidarias en sus hijos y que se les regalen siempre que lo hayan merecido.

Así lo expuso a Europa Press la psicóloga infantil Julia Rodríguez Díaz, quien apuntó que el juego para el niño "no es una opción", sino más bien "una necesidad" porque es su forma "de relacionarse con el mundo".

Por ello, esta profesional resaltó que es "importante" que "los juguetes sean merecidos", y aconsejó a los padres regalar en función al comportamiento que hayan tenido sus hijos. "No hay que regalar un juguete porque sí", apostilló.

Asimismo, destacó que los juguetes que elijan los niños han de ser supervisados por los progenitores, para ver de este modo si son los más adecuados para ellos, teniendo en cuenta que estén adaptados a su "edad evolutiva".

ESTIMULAR SONIDO Y OLFATO PARA LOS MÁS PEQUEÑOS.
En referencia a este aspecto sugirió que a los más pequeños es conveniente comprarles objetos que emitan sonidos, estimulen el olfato o capten su capacidad visual con el fin de desarrollar así "sus capacidades senso-motoras" y "psicomotrices".

Para niños de entre 2 y 6 años, recomendó juegos que recreen el mundo adulto, puesto que en estas edades tienden a "ficcionar lo que hacen" los mayores y a partir de esta edad aconsejó juguetes relacionados con actividades deportivas y también los que puedan compartir y disfrutar tanto con otros amigos como con sus familiares. De este modo se les ayuda "a comprender los valores y normas" sociales, indicó.

Del mismo modo, esta profesional en psicología infantil considera relevante que se ofrezca a los niños juguetes educativos, que potencien sus "capacidades abstractas" y les enseñen a "relacionarse con el mundo", a modo de ejemplo señaló los juegos de mesa.

Otras cuestiones a tener en cuenta es que a través del juego "se pueden trabajar aspectos como el racismo, sexismo o belicismo", de ahí la importancia de elegir aquellos que fomenten hábitos correctos y conductas solidarias. "Todo esto es fundamental", según destacó.

EL NIÑO SE AÍSLA.
Para concluir subrayó la importancia de "crear espacios de juegos compatibles", ya que "hoy en día los niños están acostumbrados a jugar en una habitación perfectamente equipada con todo tipo de tecnología" lo que propicia que el niño "se aísle".

"Es muy importante tener un buen compañero de juegos y por supuesto es relevante , fundamental y la máxima, que los padres dediquen todo el tiempo necesario a sus hijos"; "que jueguen a hacerse cosquillas, a reírse, a pelearse de broma, al parchís, al 'veo veo', que vean una película juntos; y sobretodo que aprendan a conocer un poquito más a esas personitas que tienen al lado, que son sus hijos y son todo un mundo", destacó.

Los pediatras aconsejan a los padres jugar con sus hijos al menos media hora al día

"Esta actividad es fundamental para el desarrollo de los niños en las edades tempranas", Fuente Consumer.

Jugar es clave para el desarrollo de los niños, sobre todo en las edades más tempranas, y es recomendable hacerlo en compañía de los padres. Cuando los pequeños juegan agudizan sus sentidos -el tacto, la vista y el oído son básicos para ellos-, agilizan el movimiento de pies y manos, y fortalecen su capacidad mental y de concentración. Pero esta actividad no sólo debe ser un mero entretenimiento, sino que ha de cumplir dos objetivos: convertirse en uno de los principales hilos conductores del amor entre padres e hijos y, al mismo tiempo, tener una vocación educativa. Para que esto sea posible, el padre y la madre deben aprender a jugar correctamente con los niños e incluso a diseñar variantes del llamado ocio didáctico.

Actualmente, las parejas con hijos tienen dificultades para encontrar un momento en el que entretenerse con sus vástagos. "Pero no importa tanto la cantidad como la calidad", apunta la psicopedagoga Elizabeth Fodor, experta en los juegos de la primera infancia y autora, junto a Montserrat Morán y Andrea Moleres, del libro "Todo un mundo de sorpresas".

Crear juegos
La familia no suele tener problemas para inventarse juegos para sus hijos cuando éstos ya tienen cuatro o cinco años. Las dificultades surgen cuando los niños son todavía unos bebés porque muchos padres tienen la idea preconcebida de que no se percatan de lo que ocurre a su alrededor. Los críos, por el contrario, están deseando ver cosas nuevas, escuchar ruidos distintos, tocar objetos diferentes y, sobre todo, notar el amor del padre y de la madre a través de gestos afectuosos y palabras bonitas. Jugar es una buena forma de demostrarles cariño y, a la vez, sirve a los pequeños para despertar sus sentidos y fomentar algunas destrezas básicas. "Hay que dar la oportunidad al niño para realizar una actividad y motivarle con mucho amor, paciencia y una gran dosis de alegría", insiste la psicopedagoga.

Fodor aconseja a los padres que dediquen al menos media hora diaria a jugar con sus hijos. Aunque pueda parecer poco tiempo, es más que suficiente si las actividades se realizan en las condiciones adecuadas y los adultos las han pensado con antelación y saben estimular a los críos. No se trata de jugar mucho rato, sino de hacerlo bien. "Si el padre o la madre están malhumorados o estresados por el trabajo, mejor que ese día no jueguen con los pequeños porque se dan cuenta de todo y no se van a concentrar", indica la experta. Sólo en un ambiente idóneo y con la pareja entregada los juegos son eficaces.

Si es posible, también es interesante crear en el hogar un rincón del juego, un lugar que el crío identifique con esa actividad y en el que pueda encontrar todo lo que necesita para entretenerse. "Un niño que juega solo o con buenos compañeros de juego, ya sean de su edad o adultos, obtiene grandes beneficios que favorecen su desarrollo global y adquiere nuevos aprendizajes que naturalmente trae aparejado el juego", explican las autoras del libro.

Sutiles transformaciones
El carácter de los pequeños cambia con el paso de los meses. Son sutiles transformaciones en su forma de comportarse que también inciden en su manera de afrontar el juego. En el transcurso de los dos primeros años el niño está en una etapa de juego solitario y paralelo. "El juego solitario consiste en que el niño juega consigo mismo, con su cuerpo y el de su mamá; son sus tres juguetes preferidos". La siguiente fase, la del juego paralelo, el bebé "ya está centrado en explorar y manipular los objetos y las posibilidades de su cuerpo". "En nuestros grupos de juegos -explica Fodor- observamos cómo los bebés ya desde los tres meses disfrutan estando en contacto con otros niños de su misma edad: se miran con interés, se tocan, se descubren y se sonríen manifestando agrado por esos contactos".

A partir de los 2 años, los pequeños aprenden a compartir un juego y los juguetes. Es a los 4 años cuando experimentan "un gran cambio a nivel intelectual y social". "Se interesan por los juegos en grupos de cuatro o cinco integrantes y que contengan normas sencillas, iniciándose de un modo progresivo en el mundo del juego de reglas". "Hacia los 5 ó 6 años -puntualizan las expertas- el niño consolida las relaciones sociales y la interacción con los compañeros de juego". Surge así el juego en equipos y el malestar por perder.

Unidos en el juego.

Jugar con mamá y papá en los primeros años de vida les ayuda a crecer.

Muchas veces, al educar a los hijos nos preguntamos ¿lo haré bien?, y ahora ¿cómo debo reaccionar frente al comportamiento de mi pequeño?

Al ser padres no necesariamente tenemos que saber cómo serlo, ya que es una de las tareas más difíciles y complejas que afrontamos en la vida. Los niños tampoco vienen con un manual de información debajo del brazo. Por este motivo, decidí – dados mis largos años de experiencia trabajando con bebés – publicar dicho manual en colaboración con Montserrat Morán y editado por Pirámide.

En estos libros se enfoca la formación de los pequeños desde el período inicial de la vida hasta los cinco años. “Todo un mundo de sensaciones” de 0 a 6 meses, “Todo un mundo por descubrir de 6 meses a 2 años, “Todo un mundo de sorpresas” hasta los 5 años y “Todo un mundo de sonrisas” juegos mes a mes de 0 a 36 meses.

La palabra mágica en el aprendizaje de los pequeños es jugar, jugar y jugar, ya que el juego es el trabajo del niño.
Experimentar ensayando las cualidades de las cosas y de las situaciones.
Explorar en la práctica viviendo día a día su propia experiencia.
Enriquecer su mundo a través de juegos gimnásticos, acuáticos y musicales, para darle así la oportunidad de desarrollar al máximo sus cualidades innatas, con una óptima calidad y en el momento oportuno del aprendizaje.
Teniendo en cuenta que la máxima plasticidad del cerebro tiene lugar en los tres primeros años de vida, se puede afirmar, sin ningún género de duda, que es posible aumentar la capacidad de aprendizaje del niño, pero eso no significa que lo haga. En el proceso del aprendizaje influyen otros factores como el interés y la concentración para resolver todas las dificultades que aparecen por el camino, así como, el estímulo de querer adquirir nuevos conocimientos y la capacidad de adaptación.
Todo eso sólo es posible aprenderlo si lo practicamos a través de los juegos correspondientes para cada etapa.
Hay que ofrecer al niño la oportunidad de descubrir el autoestímulo y que en el futuro sepa él mismo hacer interesante su actividad, obteniendo el máximo provecho. Así se sentirá satisfecho consigo mismo.
La autovaloración y el autoestímulo del niño se forman en un ambiente sensorial estimulante a través de las actividades. Tanto si éstas se realizan sobre las colchonetas o en la piscina, despertarán su curiosidad general y se le inculcará el interés por aprender de una manera divertida y amena...

Los padres, al tomar plena conciencia de las necesidades motrices, intelectuales y emocionales de sus pequeños lograrán una relación paterno-filial plena de ternura, solidez y equilibrio. Al fin y al cabo, ya que todos somos el resultado de la pobreza o riqueza social, intelectual y emocional de nuestra infancia, intentemos hacer todo lo posible para que nuestros hijos tengan la mejor formación para una vida llena de éxitos.

Escrito por Elizabeth FODOR
Publicado en Andares (Alicante)